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Por qué la elección de Martín Guzmán podría ser una buena noticia para los tenedores de bonos

La propuesta que presentó hace tres semanas es relativamente amigable para el mercado y también apunta a conseguir superávit fiscal.

6 de diciembre de 2019






Hace tres semanas, cuando presentó en Ginebra su propuesta de reestructuración de la deuda eran pocos los que lo imaginaban con un puesto relevante en el nuevo gobierno. Pero las acciones de Martín Guzmán fueron en franco ascenso cuando se cayó la opción de Guillermo Nielsen para hacerse cargo del ministerio de Economía y ponerse al frente de la renegociación. Ahora este colaborador del Premio Nobel Joseph Stiglitz en la Universidad de Columbia se prepara para tener importantes responsabilidades en la próxima administración.

El “paper” aborda los motivos por los que el Gobierno terminó sobreendeudado y ahora es necesario avanzar en una renegociación. Los principales lineamientos que aparecen allí son relativamente tranquilizadores para los bonistas. No se habla de quitas y enfatiza la necesidad de conseguir una solución muy rápida para evitar un default total.

Incluso el trabajo es bien específico sobre la fecha en que deberían finalizarse las negociaciones: marzo 2020. Es decir que habrá que habrá que apurar negociación de la deuda tanto local como la emitida bajo ley neoyorquina durante el verano. Acelerar el proceso es fundamental si el objetivo es minimizar la pérdida de reservas ante la acumulación de vencimientos de deuda en dólares.

Guzmán también propone dos años de gracia para el pago de intereses, es decir que no haya desembolsos en 2020 y 2021 y habla de estirar los plazos de los vencimientos de capital, pero sin mencionar la posibilidad de quitas. Esos dos años sin pagos serían fundamentales para darle tiempo de recuperación a la economía. Pero además también enfatiza la necesidad de ir hacia el superávit fiscal, aunque no especifica en qué lapso.

El trabajo es menos específico a la hora de referirse al FMI. Sólo menciona que no deben solicitarse más desembolsos, aunque todavía hay USD 13.000 millones pendiente en relación al acuerdo firmado el año pasado. Sin embargo, los grandes bancos de inversión y analistas coinciden en que para avanzar en un acuerdo con los bonistas habrá que renegociar previamente con el Fondo y llegar a un nuevo acuerdo que permita estirar los plazos de vencimientos. El tema no es abordado por el economista.

Este escenario es muy cercano al que viene presentando Alberto Fernández, que insiste en que la Argentina tiene voluntad de pago. Si bien ya dejó de mencionar la posibilidad de una renegociación “a la uruguaya”, se supone que el castigo que recibirían los bonistas no sería tan drástico como el de la quita récord de 2005. Según cálculos del sector privado, en aquella oportunidad esa quita superó el 75%. Ahora se habla de niveles drásticamente menores.

Lo de Guzmán parecería estar encaminado a esa dirección. Lo más fuerte para los inversores sería aceptar esos dos años sin cobrar ni capital ni intereses de los nuevos bonos que reciban. Pero el “premio” que recibirían a cambio es que no habría quitas de capital. En esta ecuación, quedaría por despejar la incógnita de la duración de los nuevos bonos que serían entregados, con plazos que seguramente irán de 5 a 10 años.

Si esa propuesta suave es aceptada por la mayoría de los inversores, la posibilidad de un rally en el precio de los títulos no estaría lejos. Un Bonar 2020 que hoy vale menos de USD 40 podría tener un valor de USD 60 ó incluso superior. Y algo similar sucedería con otros títulos.

Claro que no son pocos los que creen que será insuficiente para la Argentina con estirar los plazos de los títulos y los dos años de gracia para los intereses. La incógnita es si la Argentina puede volver a crecer, pero además en qué plazo se recuperaría el acceso al financiamiento de los mercados. Y además si efectivamente resulta “vendible” la idea de una espera de dos años para volver a pagar la nueva deuda que se colocaría.


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Sean cuales sean los nombres que se oficialicen hoy para conformar el gabinete económico del presidente electo, Alberto Fernández, los desafíos saltan a la vista. Por un lado, recuperar capacidad de consumo de los hogares pero descomprimir expectativas de mejoras extraordinarias, para que la macro no vuelva a desbocarse. Por otro, desmarcarse del FMI y de la mayor parte posible de las impagables obligaciones de deuda externa que herederá, para poder armar una agenda de crecimiento basada en lo productivo.

El último informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso destacó que en el primer semestre del 2020 el total de los vencimientos de la deuda, en todas las monedas y para todo tipo de acreedores, es de US$44.911 millones. Las obligaciones, sobre las que hay consenso de que son impagables, saltan a la vista como el principal desafío. Pero además, se presume que el grueso de los acreedores en dólares intentará imponer restricciones en materia de política fiscal. Eso choca con la necesidad de recuperar actividad y dinero en el bolsillo de los hogares.

La decisión preanunciada por Fernández de desmarcarse parcialmente del FMI, y no pedirle nuevos desembolsos, descomprime algunas de esas presiones.

El director del CEPA, Hernán Letcher, destacó: "El gobierno saliente deja dos fotos: por un lado, una brutal caída del poder adquisitivo, del orden del 20%, una enormidad, y pone límites al crecimiento macro, ya que el 65% del PBI es consumo.
Por otro lado, la deuda. Los intereses son el 21% del presupuesto de gastos. Eso es dinero que no se puede usar para hacer crecer a la economía. Los intereses eran 8% del presupuesto en 2015. Esa diferencia son $800.000 millones. Demasiada plata. Una suba de 20% en las jubilaciones son $250.000 millones. Si lográs resolver la cuestión de la deuda, podés aumentar jubilaciones, hacer obra pública, un montón de cosas que pueden generar empleo y mejorar el ingreso".

Consultado por BAE Negocios, el director de Macroview, Pablo Goldín, realizó observaciones similares pero mirando la variable monetaria. Un lado b de la misma historia. Y es que todo dinero que vaya a los bolsillos tiene potencial de dolarización vía mercado paralelo, lo que también puede ser inflacionario.

Afirmó: "Hay una necesidad fuerte de emisión. El cepo, ahora, dio una herramienta fuerte para hacerlo sin que degenere el mercado cambiario oficial. El arte estará en que el nuevo gabinete regule bien esa emisión, porque el desfiladero es chiquito para que no haya inflación. Va a ser por tres caminos: uno, comprar dólares. Mata dos pájaros de un tiro: acumula reservas y emite pesos. Y hay dos más: financiar al fisco es uno. Y el otro es el bancario, ir desactivando esa cápsula en el crédito que son las Leliq. Pero va a necesitar sintonia fina, no se puede desbocar".

Y agregó: "Lo que no puede es emitir para pagar deuda en pesos. Esa deuda, ya defaulteada, es candidata número uno para ser pateada hacia adelante. Al FMI no le va a pedir plata adicional. A lo sumo un poco para pagar los vencimientos de intereses de este año, que son US$1.500 millones. Eso le va a permitir desmarcarse de que le imponga condiciones demasiado duras en lo fiscal".


La mirada de largo plazo tendrá que comenzar desde el día cero


El próximo gabinete enfrentará un desafío histórico, sobre el que quedó una vara bien baja: conjugar las políticas de corto plazo, que buscarán evitar que la economía caiga en una crisis demasiado larga, y las de largo plazo. Y es que cuando el PBI se recupera, tal como muestra la historia, las importaciones superan a las exportaciones y el ciclo crítico se repite.

El director de Elypsis, Martín Kalos, afirmó: “Se puede conjugar largo y corto. Las medidas deberán llevar ya mismo una perspectiva de creación de negocios y de mercados para exportaciones. Esa mirada no estuvo en los últimos años”.

El director del CEPA, Hernán Letcher, agregó: “La experiencia de la gestión previa a Cambiemos dejó un aprendizaje: a veces tenés un escenario de conflictividad y se resuelve lo urgente pero no se toman decisiones de política industrial y exportadora. Cuando se quiso pensar ya había falta de dólares y presiones de todo tipo. Eso tiene que empezar desde el vamos”.

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